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Hoy vamos a tratar de un tema que muchos habréis oído hablar o incluso os ha tocado trabajar con alguien así. Siento si os ha tocado esto último. Son personas con auténtico pánico a los cambios, involucionados y sin más miras que seguir en su “pobre mundo personal y empresarial”, que nada ni nadie lo altere y que no le provoque ninguna alteración porque siempre se plantean, ¿Qué necesidad tengo de cambiar algo que funciona? Porque te dejará de funcionar y entonces, te habrá pillado otra vez desprevenido. Lamentarse después es sumamente fácil, pero ¿Qué has hecho para cambiarlo? NADA.

En un mercado en constante crecimiento, este tipo de perfiles laborales en el área de la Dirección o el Management están “muertos”, pero hay empresas que amparados por directivos con el mismo pensamiento los mantienen anclados en el pasado impidiendo la evolución de la empresa. Son auténticos “lastres” y provocan en el resto de personal un efecto dominó de continuismo y estancamiento.

El problema de estas personas es el miedo al cambio. Con la famosa frase: “Que me quede como estoy” denotan sus grandes temores e inseguridades. Estos miedos son reflejo de su falta de profesionalidad, ímpetu, ambición y ganas de mejora continua. Creen que la novedad no van a poder controlarla y es verdad, porque estas personas necesitarían un reciclaje profesional y mental para poder afrontar la era tecnológica en la que nos vemos inmersos.

Cuando en las empresas surgen perfiles que les desestabilizan por aportar cambios o novedades, se asustan y defienden su posicionamiento siempre amparado en el pasado. Esta situación lo que provoca es que conduzcan una empresa o un departamento siempre con el freno echado, no permitiendo ni el éxito ni crecimiento profesional ni de ellos ni de la empresa. En ocasiones no se detecta como tal o simplemente se percibe algún síntoma que hace no avanzar, no dar ese paso que en realidad estaban dispuestos a dar o se necesita dar. Es ese miedo, el que le bloquea y le impide tomar las decisiones que realmente desea para sentirte bien contigo mismo, con su trabajo y su persona.

Miedo ante las dificultades diarias. ¿Te van a exigir más? Seguro que SÍ. Pero prefieren situarse en la zona de confort, donde no se les exija más de lo que ya han dado, y eso, repercute directamente en el personal a su cargo. Les instaura en el inmovilismo mental y el “estar por estar”. Son perfiles sin ambición, sin ganas de crecer, porque crecer significa cambios.

Miedo a ser rechazado. Actuar sea cual sea el escenario, siempre supone una cierta exposición ante un público que valorará y dará su opinión. Normalmente las personas tienden a buscar la aprobación de los demás, aunque es algo que no siempre es posible. Agradar a todo el mundo es realmente complicado, no aceptar la posibilidad de no gustar a alguien también es un miedo en sí mismo. Por norma general, son rechazados en otros ámbitos de su vida personal.

Miedo a fracasar. Cuando se comienza una acción, un trabajo, etc. se pretende que el resultado sea absolutamente exitoso y no se suele contemplar la posibilidad de que el resultado no sea tan satisfactorio como se esperaba. Buscar el perfeccionismo no está mal, pero hay que estar dispuesto a cometer errores en el camino e incluso en el resultado.

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Equivocarse no es fracaso y no hay que temerlo ya qué si es así, entonces no tomarás ciertas decisiones que te impedirán avanzar por este miedo.

Miedo a lo nuevo. Seguramente sea el miedo más común y el más reconocido. Lo nuevo, lo desconocido en ocasiones produce cierto pavor, por lo que los cambios o nuevas ideas pueden tomarse como una amenaza hasta tal punto que podría convertirse en un verdadero obstáculo para probar con aquello que realmente se desea, quiere o te lo exigen, por el simple hecho de ser desconocido y tener miedo a enfrentarse a él.

Tener miedo no es algo malo ni bueno, simplemente es una circunstancia que existe a partir de otros muchos factores. Algunos de estos factores pueden ser: la edad, la autoestima, la seguridad, el autocontrol, la posición jerárquica, el respaldo económico, la estabilidad profesional, etc.

Si estos perfiles tuvieran tiempo para sentarse un rato a solas y pensar en qué preciso momento de su vida le arrebataron las fuerzas y las ganas de perseguir sus metas. Si supiera cuándo fue el momento en el que le depositaron directo en una rutina segura y que poco a poco le fue consumiendo. Y si tan solo pudiera llegar a saber por qué la aceptó sin siquiera un atisbo de inútil rebeldía. Quizás, y solo quizás, habría una manera de borrarlo todo y comenzar de nuevo. De retomar prácticas olvidadas o nunca aprendidas para ir construyendo andamios que permitan edificar los sueños también en el ámbito empresarial.

Desde las empresas y desde los Departamentos de RR. HH. las nuevas políticas van encaminadas a fomentar “que ser valiente no sale tan caro y que ser cobarde no vale la pena”. Fomentando la seguridad y el reconocimiento, sin miedo a ser uno mismo y con capacidad de cambio que “gane el quiero la guerra del puedo”. El cambio es inherente a la vida, necesario e imposible de detener. Así como las aguas de un río nunca son las mismas, las personas tampoco pueden serlo.

En los procesos de Selección hoy se valora fundamentalmente perfiles con competencias y habilidades profesionales. No tiene valor la “experiencia profesional” si ello conlleva un déficit de comprensión de la nueva filosofía empresarial. Con el avance tecnológico que vivimos día tras día, las habilidades y capacidades que requiere un manager para destacarse en su ámbito logran la reconversión y aparición de nuevos perfiles profesionales. Ser capaz de innovar cada día, ofrecer expectativas al resto de trabajadores y ser consciente de que el cambio empieza por uno mismo es lo más complicado… de ahí que la preparación hacía las “nuevas formas de trabajar” y “reciclarte profesionalmente” es lo único que podrá salvarle dentro del mercado laboral.

No es que no queramos cambiar, es que debemos cambiar. Sin innovación no hay evolución y sin evolución, la empresa está destinada al fracaso. La forma en la que se contrata, se retiene talento o se mejoran las condiciones de equipo están en constante cambio. Hace unos años era impensable postular a un empleo sin un buen currículum. Hoy es más importante tener un buen branding personal que un curriculum vitae. Si la persona que tenemos al frente de una empresa o departamento no innova, será difícil mantenerse actualizado y conocer la mejor manera de gestionar todo lo que la empresa necesita y te exigirán en un mercado tan competitivo.

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