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Desde hace ya algún tiempo, a raíz del afamado libro Inteligencia Emocional del David Goleman, el termino de Inteligencia Emocional (IE) está teniendo mucho peso en las empresas. Realmente, la IE se puede concretar en habilidades y rasgos de personalidad que facilitan la gestión de las relaciones humanas de las personas interactuando con el mundo a través de la empatía, motivación, autoconciencia, control de impulsos, optimismo, innovación, asertividad, flexibilidad etc.

Se abre una clara brecha entre la Inteligencia Clásica (IC) basada en el raciocinio, la lógica y la analítica para dar un nuevo rumbo en la psicología a través de la IE.

Los avances en psicología cognitiva han determinado la importancia de la gestión de emociones, no solo para uno mismo, sino como medida de éxito en organizaciones. Hoy en día, las empresas trabajan para que este concepto llamado IE, pueda introducirse dentro de la cultura empresarial, sabiendo detectar emociones, prestando atención al lenguaje corporal, escuchando y preguntando y dando más importancia al feedback.

Las aplicaciones de la IE en una empresa son múltiples, no buscando únicamente las capacidades técnicas que el candidato pueda tener, sino las habilidades emocionales y sociales para empatizar con el resto del equipo. Una persona con una mayor IE estará más satisfecha y encontrará mayor eficacia y capacidad para reconocer sus propios sentimientos y los de los demás. Las competencias emocionales o que tienen que ver con la IE en la empresa son claves, de hecho, son una parte muy importante del éxito de las empresas y se advierte en:

Mejor motivación, el trabajador se siente parte activa de la empresa, hay un mejor clima laboral, formación de equipos de trabajo muy responsables, mejor comunicación en la empresa, el liderazgo se ve reforzado etc.

Para mejorar el desarrollo emocional dentro de la empresa se debe generar un nivel de confianza y favorecer un buen clima que mejore los resultados.

Una empresa fundamentalmente tendrá dos aspectos determinantes para la selección del candidato: capacidad de adaptación a los cambios y formación de equipos.

La IE aplicada al trabajo demuestra que quienes alcanzan altos niveles dentro de las organizaciones tienen un gran control sobre las emociones, son motivadoras y generadoras de entusiasmo. Trabajan en equipo, tienen iniciativa y logran influir en el estado de ánimo de sus compañeros. Se busca la capacidad de relacionarse con ellos mismos y con la empresa, ya que esto añade valor a la compañía.

La IE se puede aprender, sus elementos son fáciles de identificar y nos permite evaluarlos y mejorarlos. Requiere de aprendizaje, pero si ignoramos este factor humano estamos destinados al fracaso.

La IE puede desarrollarse con entrenamiento y pautas adecuadas, teniendo en cuenta que las empresas del futuro no solo valoraran la formación académica, sino la formación humana del candidato. A priori, pudiera parecer que el hecho de ser seres emocionales y además ser inteligentes puede parecer bastante complicado, pero todo dependerá en gran medida de cómo nos planteemos el entrenamiento. Como decía Platón “Todo aprendizaje tiene una base emocional”, no existe ni un solo momento en nuestro día a día en el que estemos libres de emociones, por lo tanto, todo lo que aprendamos en nuestra vida, estará determinado por nuestro estado emocional, de la misma manera que esas emociones conformaran nuestro carácter, nuestra forma de ser y como nos perciben los demás.

Actualmente los requisitos para hacer una carrera profesional con títulos de grado y postgrado son muy competitivos, aunque no son exclusivas para la clave del éxito, si a esto no le unimos la Inteligencia Emocional y las capacidades inherentes que conlleva y que hoy en día son requisitos indispensables en el mercado de trabajo actual.

Los departamentos de Recursos Humanos y selección de personal valoran especialmente esta IE en la empresa, por encima de las habilidades intelectuales y destrezas técnicas. En el caso de los candidatos a directivos, su posición de liderazgo se debe en el 80% de los casos a su alta IE. Los líderes, son personas que saben manejar sus emociones, pero su éxito no depende tanto de lo que hacen, como del modo en que lo hacen, proporcionando al resto del equipo las pautas para interpretar y reaccionar ante determinadas situaciones. De ahí la importancia de ser “emocionalmente inteligente” para poder llevar a un grupo al clima de trabajo más idóneo.

Mientras se avanza en la escala del liderazgo, más percibimos la importancia de la IE, la que determina en muchas ocasiones, si el candidato se incorpora a la empresa, si por el contrario es despedido y si resulta decisiva para ser ascendido.

No me gustaría finalizar sin recordar una frase de Caruso “Es muy importante entender que la inteligencia emocional no es lo opuesto a la inteligencia, no es el triunfo del corazón sobre la cabeza, es la inserción de ambas”

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