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Tenemos que tener en cuenta que memorizar no es estudiar. Es muy común soltar todo lo memorizado en un examen y al poco haber olvidado todo lo “supuestamente aprendido”.

Debemos aprender a estudiar, que es algo muy diferente. Estudiar es aprender e interiorizar algo que desconocemos, retenerlo en la memoria durante más tiempo para evitar “quedarnos en blanco” y, por el contrario, memorizar se basa en la retención temporal de una información, todo de manera muy superficial, no siendo necesario comprender y relacionar con otras materias. Se trata básicamente de “absorber” para “escupir”.

Por lo tanto, memorizar no es la clave. No estaríamos haciendo bien si memorizar lo utilizamos con el único fin de atesorar conocimientos. La cantidad de datos acumulados no es sinónimo de éxito en el proceso de aprendizaje, por lo tanto, no es proporcional a la eficacia del mismo.

Un buen estudiante es aquel que realiza un esfuerzo por estudiar que no enfoca únicamente a superar una prueba o examen, sino que su objetivo es ampliar conocimientos.

En este punto la idea de acumular cuantos más conocimientos mejor es buena, siempre y cuando los conocimientos queden fijados y no pasen al olvido.

La memoria nos permite registrar, evocar sensaciones y recuerdos, pero si está mal gestionada lo que nos provoca es olvidar lo que aprendemos. Por lo tanto, el saber estudiar es lo que nos permitirá recordar.

Es cierto que para aprobar debes de “memorizar” pero lo importante es saber interpretar todo lo aprendido y ahí es donde muchos fallan y marcan la diferencia entre los buenos y los malos estudiantes.

Hay un grave error que mucho estudiante aplica, que es memorizar ideas sin haberlas aprendido. La memoria es sumamente importante para recodar cifras, datos y para ello existen técnicas de memorización: mnemotecnia. Sin embargo, esto puede convertirse en un arma de doble filo y memorizar más de la cuenta es un grave error, ya que la memoria solo debe ser el soporte para el conocimiento aprendido. Recordar ideas o teorías a modo textual sin ser capaces de extraer las ideas fundamentales y llegar a la comprensión del mismo es fatal para el aprendizaje.

Esta “mala memorización” es muy visible en nuestro sistema educativo superior, donde se exigen el conocimiento de muchos conceptos sin tener en cuenta la capacidad de comprensión de lo estudiado. Muchos alumnos de Grados, Master y Oposiciones engullen temarios sin llegar a comprender y poder aplicar lo aprendido.

Por eso, muchos centros privados, tanto en el ámbito de la Universidad como de las Escuelas de Negocio, implican al alumno en una educación práctica basada en el entendimiento de lo aprendido y la resolución efectiva de casos prácticos poniendo especial énfasis en la formación a través de planes de acción, donde la tendencia es fijar lo aprendido a través de la experiencia.

Un ejemplo de ello es Gade Business School, con programas Master donde la teoría siempre se conjugará con el aprendizaje práctico de contenidos y donde las pruebas van encaminadas a la resolución de casos reales que ocurren en las empresas en el día a día.

El aprendizaje que no se destina a dar una solución a un problema determinado y no se aplica es un “saber inservible”. El saber qué con creatividad, improvisa y progresa siendo el sujeto el protagonista, buscando métodos alternativos para dar respuesta a las preguntas, se fija y no se olvida jamás, estando siempre en completa acción.

En un sistema global en permanente cambio la aplicación de lo aprendido es indispensable.

Por eso desde los centros de enseñanza se debe “enseñar a aprender” a incorporar conocimientos, “a estudiar y no memorizar”, no se trata de enseñar conocimientos para ser repetidos como un loro, se trata de enseñar conocimientos para aplicarlos, porque conocimiento sin acción, es inútil. De ahí la importancia de estudiar razonando, lo que nos permiten analizar y comprender sin necesidad de memorizar el texto de forma exacta, lo importante es recordar la información más importante, lo que nos permitirá establecer asociaciones y comparaciones.

¿Cuántas veces nos hemos frustrado después de obtener una mala nota después de haber dedicado mucho tiempo y esfuerzo? Ni el tiempo ni el esfuerzo fue empleado de una forma útil, lo único que conseguimos es lograr desesperarnos memorizando textos interminables.

Estudiar es adquirir, comprender y organizar el conocimiento: Cada persona aprende y estudia de una manera. Se ha de buscar el “estilo propio” que te haga sacar el máximo provecho de tus horas de estudio. Por eso, en el ámbito de la educación superior se buscan programas donde no existan limitaciones entre la teoría y la práctica y donde permitan al alumno que tu capacidad de  comprensión adquiera su máximo exponencial logrando que las horas de estudio sean realmente eficaces y servibles.

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